Momentos

Confinamiento

Estoy, como todos vosotros, amigos y amigas, en arresto domiciliario. Lo que hasta ahora eran argumentos de películas o novelas se ha hecho realidad y vivimos bajo una amenaza vasta y global por un microorganismo que no se sabe de dónde ha salido. Hay teorías de todo tipo y para todos los gustos, pero el hecho es que el mal se ha extendido con rapidez inesperada y nos ha dejado a todos descolocados.

Las autoridades nos piden que no salgamos de casa si no es del todo necesario en dos semanas, que seguramente serán algunas más. Y esto nos enfrenta a un reto considerable: vivir recluidos en familia; los matrimonios, cara a cara, y si tienen hijos, con los hijos las 24 horas del día, sin el atenuante del tiempo que pasan en la escuela y en las extraescolares, sin la obligación del trabajo, que a menudo es una válvula de escape, un territorio de expectativas e ilusiones o simplemente aquello que da sentido a un día a día que, más allá, no se sabe encontrar. Solos con nosotros mismos y poca cosa más. ¿Seremos capaces?

Parece la propuesta de un programa de televisión de estos de telebasura. Título: Cuarentena. Planteamiento: Cámaras de televisión escondidas retransmiten en directo cómo se vive la reclusión en varios hogares. (Por cierto, ¿ya habéis mirado bien que no estén en vuestra casa?) Seguro que tendría una audiencia colosal. Alguien ayer me envió un whatsapp: «¡No saben lo que han hecho! A los hospitales llegarán más casos de violencia doméstica que de coronavirus.» Quizás no será tanto, pero estoy seguro que las neurosis, las crisis de angustia, las histerias y la desesperación harán estragos en aquellas personas de carácter sociable, que la relación con los demás es su principal forma de vivir.

Hoy, uno de mis amigos caminantes no se acababa de creer que no podía salir a caminar como hace casi cada día; caminar por caminar, subir a Collserola y hacer un paseo solo, sin decir nada a nadie. Y ha salido. Camino del parque urbano, ha visto que un par de paseantes eran detenidos por la Guardia Urbana y enviados a casa. Él ha escurrido el bulto y ha seguido, pero con la mala conciencia de estar actuando mal y corriendo el riesgo de una amonestación. Cuando me lo ha contado, se estaba planteando buscar un perro para tener la excusa de sacarlo a pasear. Mira, he pensado, quizás alguien pueda aprovechar la coyuntura y montar un negocio de alquiler de perros. 10 € por hora de paseo. Y a medida que pasen los días y aumente el estrés por la clausura, podría subir los precios.

Yo había quedado con un amigo para pasarle la novela que justo esta semana he terminado. Siempre busco a alguien que se la lea y me la comente. Cuando la acabo, me falta perspectiva, tengo a los personajes y su peripecia demasiado próximos aún y estoy como aturdido por el esfuerzo y la vivencia de la creación. Por eso necesito opiniones frescas, que vengan de fuera, que otros ojos examinen la criatura y diagnostiquen si ha nacido sana o tiene alguna tara que precise corregir. Pero veo que tendré que esperar a que se levante la cuarentena. Entretanto tendré la novela en la incubadora a la espera de los comentarios que me digan si hace falta revisarla o ya puedo empezar a dar los primeros pasos para presentarla en sociedad.

Aprovechando que me he situado en el terreno de la escritura, que ha sido mi trabajo en los últimos treinta años, os paso el enlace a una entrevista que salió este mes en la revista Tribuna Maresme, que me hizo el periodista Albert Calls. En 14 días, las 24 horas del día encerrados en casa, tenéis tiempo de leerla. Y si no la leéis, no pasa nada, la cuestión es que el tiempo corra, el riesgo desaparezca y podamos salir todos a la calle a disfrutar de la primavera, que está al caer.

Entrevista Tribuna Maresme